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Tras un embargo el perro

a veces se queda en la casa solo,

incluso semanas

DesahucioLasi

 

Las ejecuciones hipotecarias se han reducido en el último trimestre de 2019, pero sin embargo ha aumentado el número de perros abandonados entre cuatro paredes vacías. Cuando hay que dejar un piso por impagos, el animal es lo primero de lo que se deshacen sus dueños. Lo triste en estos casos, no es solo que hay un abandono más, sino que la mayoría de familias desahuciadas no se preocupan jamás de su perro.

 

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Según datos de las protectoras que acogen a este tipo de animales, solo en uno o dos casos de ochenta los propietarios del perro vuelven a por él  cuando consiguen mejorar la situación. En este escaso porcentaje, el perro llega a una protectora de la mano de sus dueños suplicando que se hagan cargo de él hasta que puedan volver a por él. Pero la generalidad es que cuando el funcionario judicial acude a la vivienda a hacer efectivo un embargo se encuentre dentro a un animal asustado, hambriento, triste y en condiciones penosas de claro abandono.

Pero todavía hay una realidad aún más dramática: en situaciones los vecinos hartos de maullidos, gemidos, ladridos o llantos, avisan a la protectora que tengan más cerca, ya que intuyen que hay algún animal abandonado dentro de una vivienda desahuciada.

El tiempo de la burocracia corre contra el animal, y la organización animalista tiene que mover todos los hilos que puede para conseguir que “alguien” les abra la puerta y poder llevarse al animal a sus instalaciones. Ese “alguien” puede ser desde las Fuerzas de Seguridad, personal del Juzgado o algún familiar.

Esto es inadmisible y hay que agilizar los protocolos para que los perros no sean los grandes olvidados de los embargos.

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