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Editorial: Tener mascota no es ser terrorista

 

alquiler

El 22,2% de la población española vive de alquiler con un precio medio de 1.212 euros. Una de cada cinco familias habita en residencia por la que paga una renta, y en uno de cada cuatro hogares hay una mascota. Pero estas cifras no corren paralelas. La generación “millennials”, la que se hizo mayor de edad con el nuevo milenio, tiene como tercer motivo para elegir nueva casa que sea idónea para su perro, solo por detrás de querer tener más espacio o independizarse y por delante de la posibilidad de convivir en pareja o incluso de tener hijos en el futuro. El perro condiciona la casa, pero a la hora de alquilar en nuestro país todavía estamos a años luz de nuestros vecinos europeos y mucho más lejos que los americanos. Los propietarios, que en general usan esas viviendas para especular lo que puede convertirse en una nueva burbuja inmobiliaria, ponen mil y una dificultades para rentar su piso a alguien con mascota, incluso por delante de la solvencia económica. Los perros son los “enemigos” de muchos dueños de inmuebles, y las familias que se encuentran en la tesitura de buscar vivienda de alquiler se sienten como terroristas cuando se dirigen a una inmobiliaria en busca de piso. Es necesario regular el mercado del alquiler para evitar abusos en todos los ámbitos y también para garantizar la tranquilidad de los propietarios y el cuidado de aquellos pisos o casas donde vaya a vivir una mascota. Una regulación garantista no tiene porqué ir en contra de los inquilinos, de hecho ellos mismo lo reclaman.

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