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“La llamada”

llamada

El principal comando que todo perro debe entender es la llamada de su dueño, por eso este ejercicio es el que mejor entrenado hay que tener. Una buena respuesta a nuestra llamada puede salvar a nuestro perro de muchos peligros. Cachorros, perros jóvenes o adultos deben aprenderla. Con constancia y unos sencillos pasos, todos pueden llegar a integrarla en su vida.

Lo primero es que el perro asocie oír su nombre a algo positivo. Hay que evitar caer en el error de repetir su nombre varias veces. Siempre lo llamaremos con un tono agradable. Lo primero que tenemos que conseguir es que se gire y nos mire cuando oiga su nombre. Una vez que lo haga se le debe llamar con una orden siempre igual como puede ser “ven aquí”. Es bueno que elijamos cada uno un sonido o una palabra específica para nuestro perro. Así evitaremos cuando está en un parque con más perros y otro dueño llame al suyo, que acuda el nuestro hacia él. 

En el momento que responda a nuestra llamada hay que premiarle con algo de mucho valor para él: comida, caricias, juego… Así aprenderá que si viene el resultado es algo súper agradable.

Esto tiene que ser constante, de tal forma que cada vez que venga en respuesta a nuestra llamada debe recibir el premio que espera y sentir la felicidad. Si el refuerzo se hace de forma intermitente sólo crearemos confusión, por lo que debemos estar pendiente y gratificarle por todas sus respuestas positivas.

Este aprendizaje se debe hacer por pasos graduales, una vez superada una fase pasamos a la siguiente. Una buena forma de empezar es hacerlo en casa, en un ambiente totalmente controlado. Pero también podemos aprovechar los paseos diarios cuando vamos con correa. En el momento en que se adelante un poco lo llamamos, cuando se gire le decimos “ven aquí” (o la palabra elegida) a la vez que andamos hacia atrás. Cuando llegue le recompensamos y le hacemos una gran fiesta. Esto lo podemos repetir varias veces durante el paseo.

“El perro debe asociar oír su nombre a que algo genial le va a pasar. Hay que buscar premios de mucho valor para él”

En una segunda fase pasamos a utilizar una correa más larga. Se le llama y cuando mira se le dice el comando de venir. Si no lo hace, recogemos correa y andamos hacia atrás, en cuanto llegue nueva recompensa y fiesta. En este nivel se pueden añadir pequeñas distracciones como estar en la calle por donde haya cosas que le gusten, como oler hierba.

Una vez superados estos dos niveles, pasamos a utilizar una correa mucho más larga en espacios más grandes. El procedimiento es el mismo: se le llama una vez y al girarse se le dice que venga. Si no la hace, recogemos cuerda andando hacia atrás. Cuando venga, tarde lo que tarde, le premiamos igual. En el momento que comienza a correr hacia nosotros le decimos “muy bien” con euforia.

Este ejercicio hay que hacerlo a diario dos o tres veces, en sesiones cortas. Todos los perros pueden aprender la llamada. Hay que ser constantes, lo normal es que tras treinta días nuestro perro responda positivamente a la llamada y ya podemos pensar en dejarlo suelto, primero en sitios controlados y sin apenas distracciones y poco a poco en más lugares.

“Este aprendizaje debe ser gradual. Primero en casa o sitios sin distracciones, como los paseos diarios por lugares  conocidos. Una vez superada esta fase, añadiremos otros sitios con correas cada vez más largas”

Para conseguir que este ejercicio sea efectivo es imprescindible seguir unas pautas:

-No hay que “gastar” el nombre al perro. Es un error muy común  estar continuamente diciendo su nombre, por lo que apenas reaccionará cuando lo llamemos. Hay que dejar el nombre para centrar su atención.

-Pronunciar su nombre sólo para algo positivo, con premios incluidos, en buen tono. El perro debe asociar oír su nombre a que algo genial le va a pasar. Nunca para regañarle, ya que entonces aprendería que se le llama para algo que no es bueno y no vendría.

-Venir junto a su dueño tiene que ser muy placentero, y superar a todos los estímulos que puede encontrar a su alrededor. Es importante desarrollar al máximo el vínculo con nuestro perro y descubrir lo que le gusta. 

-Hay que evitar que la llamada sea para ponerle la correa y volver a casa. Antes de ello tiene que haber algo de fiesta y luego ya la correa. 

 -Cuando estamos seguro de que el perro no va a venir, nunca debemos llamarlo, porque sino aprendería a ignorar la orden. En este caso hay que acercarse poco a poco hasta conseguir su atención.

-Nunca debemos correr detrás del perro cuando queremos que venga, porque entenderá que es la mejor manera de jugar y ya no vendrá. 

Un juego para aprender la llamada que se puede hacer entre dos personas consiste en que  uno de ellos le sujeta con la correa y el otro se va con los premios. A unos metros lo llama, pero la otra persona no lo suelta hasta que el perro demuestre con mucho interés que quiere ir y tire de la correa. Una vez que haya ido y recibido sus premios, se repite el juego a lo largo del día, pero sin llegar a agotar al perro. 

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