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Las protectoras pueden quitar

el perro a los sintecho

por ser “vulnerables”

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Dos animalistas arrancaron la perra por la fuerza a una mujer que vive en la calle en Barcelona  y la entregaron en adopción. Ahora la Justicia les ha dado la razón por ser vulnerable y porque no se lucraron con el "robo".

Por P. ALAMEDA (reportaje póstumo de nuestra compañera finalizado por el equipo de LADRIDOS. Va por ti, Paula)

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Ya sea invierno o verano, quién no ha visto a una persona durmiendo entre cartones y mantas viejas dentro de un cajero automático, o en una estación de metro. Parece que va con el mobiliario urbano. En  ocasiones por un rincón del cartón asoman unas orejas vigilantes protegiendo a su dueño o una cola se mueve de alegría al sentir el calor de su compañero. Esta situación que provoca un nudo en la garganta puede descerrajarse con total impunidad si unos animalistas deciden que el perro está en malas condiciones y optan por quitárselo por la fuerza.

 

Así ha pasado en Barcelona, cuando Andrea y Rita, dos activistas proderechos de los animales, decidieron quitarle la perra Pitusa, de dos años de edad, por la fuerza a Josefa, una mujer sintecho que pernoctaba con el animal en el paseo de Gracia en abril de 2018. Las animalistas actuaron, según su versión, en defensa del animal que “estaba en muy malas condiciones”, y ahora la justicia les ha dado la razón después de que fuesen denunciadas por la Fundació Arrels, decana en ayudar a las personas sintecho en Barcelona, que intercedió para defender los derechos de Josefa y su perra Pitusa.

El juez, el magistrado Santiago García, titular de la sala de Instrucción número 29 de Barcelona, las ha absuelto alegando que aunque las animalistas actuaron de forma irregular, lo hicieron con la intención de proteger a Pitusa, y sin ánimo de lucro económico. El magistrado añade que “Lo cierto es que la denunciante se encontraba en situación de extrema vulnerabilidad, residiendo en la calle, cuando se produce la actuación de las dos denunciadas”. La absolución ha sido confirmada por la Audiencia de Barcelona bajo el razonamiento de que el hecho de arrebatarle su perrita Pitusa “no se adentraría en la esfera penal de que se acusa, por falta de elemento subjetivo de intención de lucro ilícito”.

Aunque los sintecho es un colectivo muy difícil de cuantificar, en Europa cada noche al menos 700.000 personas duermen en la calle o en un alojamiento de emergencia, según datos facilitados por Feantsa, Federación Europea de Organizaciones Nacionales que trabajan con las personas sin hogar. En España Cáritas acompaña a alrededor a 40.000 personas que malviven en las calles a diario, y en los albergues para los sin techo, públicos o privados, pernoctan unos 18.000 de media cada noche, según las últimas estadísticas del INE, de las que un 25% son mujeres.

Esta situación, que cuenta con el amparo de la ley, pone de manifiesto la necesidad de medidas para un colectivo que de por sí ya sufre una gran vulnerabilidad. La ausencia de albergues donde poder ingresar o pernoctar con su mascota les obliga a permanecer en la calle, ya que para muchos de ellos su perro es “la única familia que les queda”.

Maltrato animal

Según el abogado José Antonio Vico, responsable de la Comisión de Derecho de los Animales del Colegio de Abogados de Sant Feliu de Llobregat, el no permitir la entrada en albergues o residencias con la mascota significa una separación forzosa que “no deja de ser un caso de maltrato de animal porque el animal es consciente, percibe el estado de las cosas y sufre al ser separado de su dueño, tal y como ha sido demostrado científicamente”. Para Vico este hecho supone una doble discriminación por ser pobres, están condenados a vivir en la calle y obligados a separarse de su mascota, además de que “sufren la angustia y el miedo de no volver a ver a su mascota si es entregada a una protectora o a las autoridades ante la posibilidad de que se les acuse de maltratar al animal o incluso de mendigar con él”, como ha pasado en el caso de Barcelona, donde finalmente Pitusa ha sido dada en adopción a toda velocidad por la protectora de las dos condenadas absueltas.

Aunque ya hay iniciativas en algunas ciudades para que los sintecho puedan acudir al albergue con su perro o gato, la inmensa mayoría de estos lugares no quieren oír hablar de animales.

El abogado va más allá en su crítica a esta negativa y pone en duda la función social de estos lugares públicos o privados.  “Sería deseable que todas estas instituciones asumieran que esas personas no están solas sino acompañadas y que la ayuda a la persona sin tener en cuenta sus necesidades (en este caso la necesidad de seguir acompañado de su mascota por razones de afectividad), no es una verdadera ayuda para ellas. Mientras esto no ocurra me temo que esa importante función social seguirá siendo incompleta y que están perdiendo la oportunidad de trabajar en la defensa de los animales”, concluye en el blog del derecho de los animales de abogacía.es.

Número ridículo

Los albergues donde se pueden alojar personas con su mascota todavía son muy escasos. Alguno en Barcelona, dos en Madrid, otro en Gandía y alguno en Zaragoza, son los únicos recursos, públicos o privados disponibles. Además las condiciones son muy restrictivas, en alguno de ellos ni se admiten perros de más de 20 kilos y querer albergarse con dos mascotas es tarea imposible.

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