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El gran riesgo de propagación de la leishmania son los perros sin tratar

Leishmania

La leishmaniosis es una enfermedad causada por un protozoo microscópico que vive en la sangre. El flebótomo es el insecto que transporta este protozoo entre perros. El mosquito tigre y el mosquito común, aunque ingieran sangre de un perro infectado, no transmiten la leishmaniosis. De hecho, esta enfermedad no la transmite ningún mosquito ya que el flebótomo no lo es. Y como no lo es, no necesita agua estancada para completar su ciclo vital. Las larvas del flebótomo crían en un substrato húmedo (basura, hierba recortada, hojarasca…) a diferencia de las de los mosquitos que crían en agua. Esto tiene su importancia porque el hecho de no pasear o no vivir cerca de zonas con agua no necesariamente disminuye el riesgo de ser picado por flebótomos. Cualquier zona ajardinada tiene flebótomos.

POR Jordi Sabaté. Veterinario del Centre Veterinari Plaça Catalunya, Manresa. Extracto de su conferencia sobre la leishmaniosis en la jornada organizada por la asociación Reborn y el centro canino Jonatan Zafra.


De todos modos el principal riesgo para un perro no es tanto que haya flebótomos donde vive sino que haya perros enfermos de leishmaniosis. Sin perros enfermos en la zona, no hay enfermedad, por muchos flebótomos que haya. Por eso, y por otros factores, hay mayor riesgo en una urbanización que en una casa aislada en un bosque.
Cuando el flebótomo pica a un perro infectado, ingiere el protozoo. Se necesitan unos días para que este protozoo viaje desde el aparato digestivo del mosquito hasta “el aparato picador”. Si entonces pica a un perro sano, le trasmite la leishmania. Este perro pasa a ser infectado, que se mantenga sano o enferme dependerá de la respuesta inmunitaria que haga.
La leishmaniosis no se transmite directamente de perro a perro, lamiéndose o compartiendo bebedero. Sí que se puede transmitir por transfusiones de sangre, de madre a hijos o incluso, aunque hay opiniones contradictorias al respecto, de un macho infectado a su descendencia.
La leishmaniosis es zoonosis, se transmite de animales a personas. Es también necesaria la participación del flebótomo. Esto significa que el riesgo lo tenemos por el hecho de vivir en una zona endémica de leishmaniosis, tengamos o no perro. Un perro con leishmaniosis sin tratar supone un riesgo para los perros y las personas de la zona. Un perro con leishmaniosis tratado y sometido a controles periódicos es muy poco probable que transmita la enfermedad porque el flebótomo difícilmente ingerirá protozoos al picarlo. En humanos solo afecta a personas con el sistema inmunitario deprimido: tratamientos de quimioterapia, enfermos de SIDA, leucemias… Los bebés también tienen cierto riesgo porque su sistema inmunitario aún es inmaduro. En Europa se da la forma cutánea de la enfermedad.
Por tanto los principales factores de riesgo serian: -vivir en una zona donde haya flebótomos (urbanizaciones, zonas boscosas, pisos cerca de un parque con abundante vegetación….); -vivir en un sitio con un elevado número de perros (urbanizaciones, protectoras de animales, residencias, criadores…) ya que las probabilidades de que haya uno sin tratar aumentan; y -tiempo de exposición a los flebótomos. El flebótomo es crepuscular, pica cuando se pone el sol. Si el perro duerme en el jardín le será más fácil contactar con los flebótomos que si duerme dentro de casa.
Cuando un flebótomo transmite el protozoo a un perro sano, este pasa a ser un perro infectado. Si la respuesta inmunitaria no es buena, apareceran los síntomas de la enfermedad. Hablamos de perro infectado enfermo. Si tiene una buena respuesta inmunitaria no enfermará, pero continuará estando infectado. Hablamos de infectado sano. Si en un futuro les bajan las defensas por cualquier motivo, puede enfermar.
Normalmente un perro infectado-enfermo presenta adelgazamiento y problemas de piel, pero también puede presentar muchos otros síntomas, solos o combinados: sangrado por la nariz, inflamación de las articulaciones, diarreas, cuadros neurológicos, problemas cardíacos, linfadenopatía, problemas oculares...
Un perro infectado sano no presentará ningún síntoma de enfermedad, pero la infección será detectable a nivel de laboratorio. Por esto aconsejamos testar a los perros aunque se vean sanos. Y recomendamos hacerlo a finales de diciembre o enero, para valorar si se han infectado entre marzo y noviembre, el periodo en que hay flebótomos activos. Un infectado reciente puede no detectarse a nivel de laboratorio. Si testamos en enero, ya habrá pasado suficiente tiempo como para que las pruebas (test o serología) lo detecten.
La interpretación de un resultado positivo requerirá de realizar análisis de sangre y otras pruebas ya que, como hemos comentado, no todos los animales infectados por leishmania están enfermos y necesitan tratamiento. Si finalmente el perro se diagnostica como infectado enfermo, será necesario hacer un tratamiento, que tampoco será el mismo en todos los casos.
Es importante una buena prevención. Va encaminada a, por un lado, evitar que el mosquito pique, y por otro a que, en caso de ser picado, el perro haga una buena respuesta inmunitaria que haga que la enfermedad no progrese. Hablamos de repelentes (pipetas o collares) y de vacunas e inmunoestimulantes. Hay que entender que la vacuna de leishmaniosis no evita que el perro se contagie de leishmania, lo que hace es que si se contagia, tenga menos probabilidades de desarrollar un cuadro clínico.
Si a pesar de todo lo desarrolla, se cree que en perros vacunados es menos severo. Actualmente hay dos vacunas que se comercializan en España, con una estrategia para estimular la inmunidad muy diferente pero con resultados similares. También difieren en el precio y en las reacciones adversas que presentan. Vuestro veterinario valorará que estrategia de prevención os conviene en función de vuestra situación de riesgo y os aconsejará una vacuna u otra según su criterio.

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