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Rastreo de meteoritos

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Su búsqueda es un entretenido juego para los perros, para los científicos es un medio más para recuperarlos, aunque no es la solución perfecta.Las lluvias de estrellas fugaces difuminan el cielo envueltas en magia. Al entrar en contacto con la atmósfera terrestre arden y recorren grandes porciones del espacio en busca de deseos envueltas en un maravilloso espectáculo. Algunas llegan a caer a la Tierra, son los meteoritos. Su valor para conocer cómo se formó la Tierra es incalculable, “son como una ventana al pasado”, indica a LADRIDOS el catedrático Jordi Llorca. Lo primero es encontrarlos y aquí es donde los perros, quizás, pueden ayudar. 

por Emer IGLESIAS

Según Llorca, catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña y máximo exponente de meteoritos en nuestro país, tras tener conocimiento de que ha caído algún meteorito e iniciar una expedición llevar a un perro “no es la solución perfecta, pero puede resultar útil sobre todo en lugares de difícil acceso”.
Para este experto, “con su olfato te puede ayudar, es interesante la propuesta. Desde luego hay que utilizar todas las herramientas a nuestro alcance, por ejemplo ahora los drones”. Para el profesor, los perros pueden llegar a ser una herramienta complementaria más en esta actividad, aunque reconoce que hasta ahora no se han utilizado. Lo máximo que desde la Universidad se ha hecho es una prueba a un can cuyo propietario y adiestrador se lo pidió. “Yo la verdad no me lo hubiese planteado, por mi desconocimiento de los canes. Una vez vinieron unos adiestradores profesionales y me dijeron que querían entrenar un perro para buscar meteoritos. Me quedé atónito”, matiza.
A pesar de su sorpresa decidió darle una oportunidad y al tiempo realizaron una prueba. “Una vez salí con ellos, escondí un trozo de meteorito y el perro lo encontró. Me quedé sorprendido. Su olfato puede ayudar, siempre será algo complementario”.
La búsqueda de estos cuerpos celestes se suele hacer tanto por particulares como por organismos públicos. “Hay gente que se dedica a buscarlos y se ponen en contacto con nosotros para que caractericemos los que encuentran. Por ejemplo, gente que se desplaza a desiertos o a zonas donde es relativamente fácil encontrar alguno”.
Hay dos indicios que pueden levantar el interés por una de estas piedras. Lo primero es que “no tiene nada que ver con las piedras de alrededor”, y lo segundo su peso o densidad, “generalmente pesa un poco más”, matiza el profesor quien añade que “hay muchas escorias de fundición, de ahora o antiguas, incluso de la época romana, que se confunden”.
Si alguien encuentra una piedra que cumple estas dos premisas suele ponerse en contacto con el departamento de Llorca para pedir asesoramiento. En la Politécnica de Cataluña analizan todo el material que les llevan. El proceso es bien sencillo.
“Lo primero que pido es una fotografía de calidad, la mitad de las veces ya puedo descartarlo. Si veo que sí podría ser, les pido el peso y el tamaño, por el tema de la densidad y les digo que me envíen un trozo para analizarlo, porque es la única forma fehaciente de saber si realmente es un meteorito”, relata el profesor a LADRIDOS.
Si alguna vez son verdaderos, el meteorito “es propiedad de la persona que lo encontró y yo le pido que considere donarlo a un museo porque es de interés científico”. Ante la leyenda urbana de que hay meteoritos de un incalculable valor económico, Jordi es claro: “Hay gente que busca pensando que valen mucho dinero, pero no es así. Un meteorito que te jubile es prácticamente imposible”.
En general, la gente que encuentra alguno y lo envía a la Politécnica para su análisis es receptiva a donarlo a la comunidad científica. “En el 95% es sensible al tema y está muy dispuesto a contribuir a la ciencia”.
No es habitual que la búsqueda de meteoritos sea sufragada por nadie ni por ninguna institución, ni siquiera avalada por organismos internacionales, como algunos se empeñan en dar a conocer. Los particulares que tienen esta afición corren ellos mismo con los gastos. “La gente que trae material de este tipo son amateur que se pagan de su bolsillo los viajes, tienen pasión y se van a sitios como el Sáhara o Atacama y aprovechan para buscar”.
De esta forma, si alguien quiere preparar un perro para esta actividad, que no trabajo, de momento es por su cuenta sin el aval de nadie.
Como muchas cosas en la vida, los meteoritos de incalculable valor para la comunidad internacional se descubren por casualidad. “Me acuerdo un equipo que trajo del Sahara un meteorito de Marte y ellos no lo sabían, pensaban que era de un asteroide. Lo interesante es ver de qué tipo es para darlo a conocer a la comunidad internacional, hay algunos importantes y vale la pena analizarlos a fondo”.
Desde que Jordi Llorca trabaja en investigación de meteoritos ya ha conseguido clasificar alrededor de doscientos, algunos de ellos ya están incluidos en The Meteoritical Society, la organización internacional, creada en 1993 y formada por científicos y aficionados de 52 naciones, que cataloga y estudia los meteoritos. Esta sociedad aprueba todos los nuevos nombres y clasificaciones y los registra en el Boletín Meteorítico. Cualquiera puede acceder a su base de datos y comprobar todos los descubiertos, quién los descubrió, de dónde provienen, cuál es su composición…
“Para incluir uno en ese catálogo, además de que contar con una entidad repositorio para guardar un fragmento del meteorito para la posteridad, hay que colaborar con gente con solvencia para clasificarlos, hay un comité que se reúne y con las pruebas que se proporcionen lo dan por válido o piden más información”, matiza el catedrático.
Hoy día, con las redes sociales, cuando algún meteorito cae en el planeta es fácil saberlo. La actividad se mueve alrededor de las asociaciones astronómicas, que son verdaderas guardianas de estas piezas que nos cuentan el pasado de nuestro planeta. “La gente llama, cuelga fotos, avisa a la Guardia Civil… En España hay mucha tradición de asociaciones astronómicas. Lo primero que hago es contactar con alguna de la zona. Son los primeros que pueden comprobar que es verdad. Hacen un trabajo muy importante, son como un filtro”.
Además los que caen en España forman parte del patrimonio científico. “Cuando cae alguno por aquí en España, estos son los que interesan más. Me los traen para estudiarlos porque forman parte del patrimonio y pueden aportar información científica valiosa. Todo el mundo sabe que estoy aquí a disposición y cuando cae algo me lo traen”, concluye Jordi Llorca

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