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La salmonelosis también

llega por los perros

salmonella

 

En 2017 en la UE se detectaron 91.662 casos confirmados de salmonelosis humana, cuyas principales fuentes de infección fueron los huevos, los ovoproductos, la carne y los productos cárnicos contaminados con bacterias. Ahora un estudio realizado en la Comunidad Valenciana pone de manifiesto que los animales de compañía también pueden ser una fuente de salmonella para humanos, y que 2 de cada cien perros sanos la pueden transmitir a las personas. 

Por M. ARAMBARRI

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Aunque los perros pueden no desempeñar un papel tan importante en la transmisión de la salmonelosis a las personas como la comida, se sabe que los perros son portadores asintomáticos de los serotipos de salmonella.
Su estrecha relación y el contacto frecuente con humanos, especialmente niños, pueden convertir a estos animales en una fuente potencial de salmonella para los seres humanos y, por tanto, representan un importante problema de salud pública.
Además, un problema importante en términos de salud tanto animal como humana es la aparición y el aumento de la resistencia a los antibióticos.
Los resultados obtenidos en el presente estudio mostraron que “todos los serotipos aislados eran susceptibles a todos los antibióticos probados”. Por ello los investigadores avisan de que “se necesitan con urgencia nuevas estrategias para gestionar las infecciones resistentes a los antimicrobianos y entre los diversos métodos para reducir el uso de antibióticos, se espera que los probióticos sean una medida de intervención alternativa para prevenir la infección bacteriana en los perros”.
En ese sentido, el estudio de la microbiota canina puede conducir al descubrimiento de nuevas terapias que puedan actuar contra patógenos como salmonella.
“Hasta donde sabemos, ningún estudio sobre la prevalencia de salmonella spp. en perros se han realizado en España”.
Sin embargo, la prevalencia de esta bacteria en perros varía considerablemente. En primer lugar, los perros suelen actuar como portadores asintomáticos y pueden eliminar uno o más serotipos de forma intermitente durante más de 6 semanas. Además, los perros pueden albergar salmonella spp. en el intestino y los ganglios linfáticos mesentéricos sin evidencia de signos clínicos. 
Son necesarias campañas de concienciación pública sobre buenas prácticas de higiene, especialmente después de manipular heces caninas o alimentos crudos. Además, para reducir la transmisión potencial de bacterias, los perros deben ser alimentados con alimentos debidamente cocidos, ya que los alimentos crudos o poco cocidos pueden ser una fuente de patógenos zoonóticos.

325 perros analizados

Para este trabajo, enlazado en agosto en Springel Link, uno de los mayores directorios de documentos científicos, se examinaron un total de 325 perros alojados en tres entornos diferentes, un 26,2% de ellos en hogares, un 25,8% en refugios de animales y un 48% en perreras de caza. El 43,1% eran machos y el 56,9%, hembras.  La mayoría fueron perros adultos, un 84,9% y el resto, 15,1%, cachorros.
En cuanto a la alimentación, 196 que representan el 60,3% consumieron comida comercial para mascotas y los perros restantes también fueron alimentados con comida casera, 39,7%. Además, el 11,1% recibió alimentos crudos. El tipo de fuente de agua también se tuvo en cuenta; un 3,4% bebió agua embotellada, mientras que la mayoría, 82,8%, agua corriente y el 13,8% saciaba su sed con agua de pozo. Finalmente, sobre si los perros estaban en contacto con otras especies animales, el 54,8% tenía relación con animales salvajes. Independientemente del entorno en el que vivieran los perros, solo un 1,85% de los 325 hisopos rectales analizados fueron positivos para Salmonella, con 3 serotipos diferentes, Habana (3), Mikawasima (2) y Typhimurium monofásico.
No se encontraron diferencias significativas entre el porcentaje de salmonellas y la edad, sexo, tipo de alimento, fuente de agua o contacto con animales salvajes. Sin embargo, la prevalencia de salmonella spp. fue mayor en los animales que fueron alimentados con alimentos crudos en comparación con los que no ingirieron alimentos crudos, y esta diferencia fue estadísticamente significativa.

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