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¿Elegimos bien a nuestro perro?

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Tener un perro en casa es una responsabilidad a largo plazo. Su elección es de vital importancia para evitar abandonos posteriores. Según un estudio de la Fundación Affinity, la emoción o el sentimiento es lo que más mueve a los propietarios a elegir a su mascota, sólo por detrás del tamaño, teniendo apenas importancia en la elección las necesidades del perro, su carácter, su nivel de actividad, opiniones de expertos, o las limitaciones en la vida diaria, características que suelen llevar al rechazo o abandono futuro.

Por Óscar REKALDE

Un 98,8% de los dueños de perros en nuestro país no tiene en cuenta las necesidades del animal, como la actividad que requiere para una vida equilibrada, a la hora de seleccionarlo para adquirirlo. Tampoco el carácter del perro es algo a tener en cuenta por la inmensa mayoría de españoles que deciden incorporar una mascota a su vida. Similar papel juega el tiempo que tengamos disponible para sacarlo de paseo o jugar con ellos... y así una larga lista, hasta 29 condiciones, que en España se pasan por alto a la hora de elegir la mascota que debería pasar bastantes años en los hogares. Condiciones, que según los expertos consultados por LADRIDOS, deberían ser la piedra angular antes de optar por adquirir un perro u otro para desarrollar una tenencia responsable de perros.

Por contra, los motivos movidos por la emoción sin ningún tipo de análisis, como amor a primera vista, la mirada que puso al ir a verlo, que se acercó alegre al posible futuro propietario, suponen hasta un 34% de las motivaciones totales para que un perro determinado acabe en un hogar. 

Para los expertos de Affinity, autores del informe a través de 509 entrevistas por internet de 15 minutos de duración a cada propietario de perro, es necesario “combinar la emoción con aspectos relacionados con características del perro, sus necesidades o la recomendación de expertos para así valorar de antemano el impacto que la convivencia tendrá en la vida del propietario y, de este modo, mejorar a largo plazo la relación con el animal”.

Las recomendaciones de un profesional, como veterinario, adiestrador, criador, etólogo, educador canino... sólo son tenidas en cuenta por una de cada 100 personas que va adquirir un can, lo que da idea, según los profesionales consultados, de lo “poco valorados que están en nuestra sociedad los profesionales del mundo del perro”. Uno de los motivos que desde este sector se alega para la poca confianza que hay hacia ellos es “el gran intrusismo que hay en nuestro trabajo. Cualquiera se anuncia por internet como adiestrador, modificador de conducta, educador canino, incluso de gatos, sin ninguna preparación. De muchos, nadie es capaz de saber ni quién son, ni de dónde han salido, ni qué formación tienen, si es que la tienen...”.

Todavía menos se tienen en cuenta las limitaciones que puede ocasionar a los propietarios la tenencia de un perro en su vida diaria, como viajes, ocio con los niños... Solo un 0,4% los pone sobre la mesa y los debate antes de adquirir su mascota, un porcentaje ridículo que no llega ni a una persona de cada cien. Todavía menos, un 0,2%, son los que tienen en cuenta su nivel de actividad a la hora de integrar un perro a sus vidas. Sólo dos futuros propietarios de cada mil piensan en esta circunstancia que no deberia ser menor.

Seis de cada diez dueños cambiarían algo de su can

El informe también pone de manifiesto que un 63% de dueños cambiaría algún aspecto de su perro la próxima elección, de ellos un 28% ya seleccionaría por el comportamiento o carácter, un 15% por el tamaño, un 12% por características físicas y un 8% cambiaría la raza. Aunque hay un gran satisfacción de los dueños sobre la elección que hicieron de su perro, un 88%, el elevado porcentaje que querría cambiar algo en su can, indica lo importante de reflexionar sobre el posible carácter o comportamiento del perro antes de recogerlo, comprarlo o adoptarlo e incluso pregunta a algún profesional de reconocido prestigio. Según Affinity, antes que el “carácter y comportamiento parecen ser el desencadenante de una menor satisfacción ya que son los atributos que más se cambiarían, una decisión meditada y una educación adecuada podrían contribuir a incrementar el grado de satisfacción, además de tener en cuenta las necesidades del animal”.

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