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Los lametones de un perro

previenen la esquizofrenia.

Los de un gato, no

esquizofrenia

Un grupo de investigadores de la Universidad Johns Hopkins ha descubierto que los niños que pasan sus primeros años de vida entre los lametones de un perro tienen hasta un 55% menos de riesgo de padecer esquizofrenia de adultos. El estudio es muy prometedor, ya que esta enfermedad, además de que es de por vida y está calificada por la Organización Mundial de la Salud como una de las 10 condiciones más incapacitantes que puede sufrir un individuo, puede afectar a una de cada 100 personas. El motivo puede ser las modificaciones del sistema autoinmune de los pequeños. Para los que crecen con gatos, no se han obtenido resultados positivos.

por Carlos XESTAL

 

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Los investigadores partieron de  que los trastornos psiquiátricos graves como la esquizofrenia se han asociado con exposiciones ambientales en la vida temprana. Además, el contacto con mascotas domésticas como gatos y perros puede servir como fuente de exposición ambiental durante estos períodos de tiempo.

Por ello, estudiaron la relación entre que un niño esté junto a un perro o un gato doméstico durante los primeros 12 años de vida y el riesgo de posterior diagnóstico de esquizofrenia o trastorno bipolar de adulto.  El estudio se realizó con 1.371 individuos con edades de 18 y 65 años, 396 de los cuales tenían un diagnóstico de esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo, 381 padecían trastorno bipolar y 594 sin antecedentes de enfermedad psiquiátrica se usaron de control.

Sus conclusiones fueron claras. Si un niño está junto a un perro mascota y vive entre sus lametones y sus juegos durante los primeros 12 años de su vida, tiene 25% menos de probabilidad de tener un diagnóstico de esquizofrenia cuando sea mayor. Y si la convivencia con el perro es desde el mismo nacimiento, el riesgo disminuye al 50%.

Por esta vez los amantes de los gatos se quedan fuera de la ciencia. Los investigadores no encontraron indicios que les hagan predecir que si los pequeños de la casa conviven con un felino haya menos riesgo posterior de ser diagnosticado de esquizofrenia en su edad adulta.

La explicación de este novedoso descubrimiento es debido a que hoy día está claro que los factores ambientales, especialmente en la vida temprana, pueden interactuar con factores genéticos para dar como resultado fenotipos de enfermedades. Y los perros son especialistas en variar sustancialmente el medio ambiente que hay a su alrededor.

Esta situación también puede explicar el hecho de que se suela diagnosticar el riesgo a esta enfermedad a miembros de una misma familia, aunque no se encuentren factores genéticos que lo justifiquen. En realidad, el hecho de que un perro esté integrado en una familia y viva entre todos sus miembros podría contribuir a aparentes asociaciones familiares de riesgo de enfermedad.

Nadie pone en duda el papel del sistema inmune en los inicios de la vida como un modulador del desarrollo del cerebro. En los países desarrollados, las exposiciones tempranas a animales domésticos como los gatos y los perros se han identificado como factores ambientales comunes que pueden alterar la inflamación en bebés y niños.

El investigador principal en este estudio actual es Robert Yolken, de la división de Neurovirología Pediátrica en el Centro de Niños John Hopkins. La razón de esta investigación proviene del hecho de que en una investigación anterior, Yolken y sus colegas encontraron un vínculo entre los trastornos psicológicos graves (específicamente la esquizofrenia o el trastorno bipolar) y la exposición a aspectos del medio ambiente en la vida temprana que pueden afectar el sistema inmunológico de un niño en crecimiento. Además está demostrado que tener un perro durante la primera infancia puede fortalecer el sistema inmunológico de un niño.

De tal forma que si el sistema inmunitario puede estar involucrado en la aparición de problemas psicológicos, Yolken y sus colegas del Sistema de Salud Sheppard Pratt en Baltimore pensaron que podría valer la pena analizar la relación entre la exposición de un niño a un gato o perro doméstico y el riesgo de un diagnóstico de esquizofrenia o trastorno bipolar más adelante como adultos.

Según el estudio, el descubrimiento de que si un niño convive con un perro tiene menos probabilidad de padecer esquizofrenia de adulto no se ve afectado por factores demográficos  como la edad en la evaluación, el sexo, la raza, el lugar de nacimiento y el nivel de educación de los padres. Además, este efecto protector del perro doméstico es más evidente cuando el can está presente al nacer el bebé o si se integra al hogar antes del final del segundo año de vida, lo que se asocia con una reducción de aproximadamente el 50% en el riesgo relativo de un diagnóstico de esquizofrenia

“También es posible que vivir junto con un perro tenga un efecto biológico directo sobre el riesgo posterior de desarrollar esquizofrenia. Si bien hay una serie de mecanismos biológicos que podrían mediar tal interacción, los que son más probables se relacionan con el sistema inmune”.

Los investigadores señalan que “la presencia de un perro puede alterar el microbioma intestinal de los miembros de la familia a través del contacto con la microflora canina, lo que lleva a concluir que estar en contacto con canes podría afectar la inflamación intestinal y modular el riesgo de esquizofrenia a través de cambios en el sistema inmune del cerebro, eje intestinal o la red psicoinmune-neuroendocrina”.

El Dr. Yolken sugiere que “Hay varias explicaciones lógicas para este posible efecto protector del contacto con los perros, tal vez algo en el microbioma canino que se transmite a los humanos y refuerza el sistema inmunitario contra la esquizofrenia o la somete a una predisposición genética”.

Los estudiosos recuerdan que los perros rastrean infinidad de cosas en sus paseos  a la vez que les dan muchos lametones a sus compañeros de juego, los niños de la casa. Con estos lametones transfieren a los pequeños algunos materiales o  sustancias que desafían el sistema inmune en desarrollo de los niños, y por lo tanto, se fortalece. Esto, a su vez, de una forma u otra, reduce el riesgo del desarrollo posterior de esquizofrenia cuando son adultos.

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