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Pastor alemán, la lealtad de la estirpe

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Extracto de la guía sobre esta raza elaborada por el Real Ceppa. El pastor alemán es el perro “decatleta” y “universal” por excelencia.Tiene que ser entrenado constantemente y proveerle de una posición en “la manada” determinada con claridad.

Cuando llega a casa es importante dejarle unos días para que encuentre la posición en su nuevo entorno, rápida y fácilmente se integrará. La mejor opción es una familia deportiva que le guste el contacto con la naturaleza, es amigo de correr, trotar, caminar o acompañar a su familia en bicicleta.
Antes de adquirir un pastor alemán es importante valorar ciertos aspectos desde el punto de la selección que tienen relevancia a la hora de decidirse por un cachorro u otro y, sobre todo, qué documentación debe entregarle el criador para garantizar que el cachorro ha sido criado de manera controlada y siguiendo los principios del Club fundador de la raza.
El pastor alemán es la raza más criada y difundida del mundo, y está representada por un Club en más de ochenta países, la mayoría de ellos integrados dentro de la Unión Mundial de Clubes de pastor alemán (W.U.S.V.) a la cual pertenece el Real CEPPA desde 1979.
En la actualidad existen muchos ejemplares con pedigrí que han sido rechazados por el Real CEPPA para la cría, debido a que no cumplen con los requisitos mínimos de salud, carácter, morfología y sociabilidad. Estos ejemplares son utilizados para la cría en otras asociaciones, poniendo en riesgo la correcta selección del perro, la salud de los futuros cachorros y la convivencia con quienes les rodean.
Esta situación alienta a criadores oportunistas. La cría de ninguna manera se debe realizar como capricho o como actividad comercial exclusivamente. Los perros deben disfrutar de espacios amplios y adecuados, además la formación del criador es fundamental para obtener buenos resultados. Los cachorros deben ser atendidos para que puedan obtener las primeras experiencias positivas en contacto con otros perros y las personas.

 Tras verificar que los padres son aptos para la cría es tiempo de conocer el estado de la camada y de su madre, donde podremos encontrar muchas de las características del futuro cachorro.

  

Generalmente las crías se separan de su madre y se entregan a sus nuevos propietarios a partir de los dos meses de edad, siendo habitual también encontrar ejemplares de hasta seis meses o más, aunque estos últimos deben haber estado bien sociabilizados y haber tenido ocasión de salir habitualmente del criadero.
No existe diferencia entre machos y hembras desde el punto de vista de la calidad, siendo buenos o mejores por la herencia instintiva que han recibido pero no por su sexo.
La elección no debe guiarse por aspectos puramente estéticos, aunque la expresión y el color son factores a tener en cuenta, no deben ser determinantes. Hay que prestar atención a cómo se desenvuelven dentro del núcleo familiar, su seguridad y la actividad que muestran.
El cachorro de pastor alemán se caracteriza por ser un perro activo y seguro ante situaciones nuevas y es deseable valorar individualmente estas cualidades fuera de su chenil ya que el apoyo de sus hermanos de camada o su madre, le puede ayudar a sentirse más seguro de sí mismo.
De este modo tan simple, podremos ver cómo se comporta el ejemplar elegido y si realmente se muestra autosuficiente ante una situación nueva.
No es necesario someterle a situaciones de riesgo y a ruidos exagerados, ya que éstos podrían afectar a su seguridad, hay que pensar que es todavía un pequeño cachorro y necesita también saber evitar las situaciones de peligro para alcanzar un verdadero equilibrio. Es recomendable dejarse orientar por el criador.

  

El pastor alemán no necesita grandes atenciones, pero sí un marcado dueño (guía o líder) que sea su referente y orientación, por lo que hay que evitar que los cachorros crezcan en un estado de independencia total o exclusivamente junto a otros perros sin la dirección de su dueño/guía.
La alimentación adquiere aquí un mayor protagonismo al tratarse de un perro que se desarrolla de manera rápida en los primeros meses de vida. Una alimentación específica para el cachorro será necesaria para cuidar sus articulaciones.
Entre las recomendaciones más importantes a la hora de establecer el lugar más adecuado para nuestro nuevo compañero, está el proporcionarle un habitáculo específico para él, donde exista abundante agua fresca y un sitio donde poder descansar aislado del viento y la humedad.
Será de vital importancia que el cachorro pueda convivir con nosotros el mayor tiempo posible y salir junto a su dueño de manera habitual.
Es una de las etapas más importantes en la vida de nuestro cachorro, ya que esta le proporcionará la estabilidad y seguridad en su entorno durante el resto de su vida

De las deposiciones al adiestramiento inicial y al trabajo

El primer reto con el cachorro es que haga sus deposiciones donde debe. Los castigos solo transmitirán inseguridad y miedo hacia nosotros. Al llegar a casa buscará un olor y tipo de terreno igual al que tenía en su paridera, se debe incorporar el mismo entorno, si no lo conocemos, se ponen hojas de periódico.
Pronto comenzará a ser autosuficiente, lo cual implica perder parte del control que teníamos sobre él. Hay que comenzar a establecer la diferencia entre lo que está bien o mal. El objetivo es que evite lo que no debe hacer buscando en nosotros el refuerzo. Ante alguna distracción le damos un pequeño “tironcito” con la correa, seco, enérgico. Se girará buscando nuestra protección, con voz suave lo llamamos y lo acariciamos. Así entenderá lo que es negativo y positivo, siendo nosotros la parte positiva en su proceso de socialización.
A los seis meses llega el adiestramiento básico. Y a los 18 puede participar en pruebas de trabajo.

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