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Premios, los justos

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Cuando pensamos en la relación entre perros y personas nos damos cuenta de que no existen dos personas iguales, dos perros iguales, ni circunstancias iguales en cada uno de los hogares, por lo que es bastante absurdo plantear que los problemas de conducta se pueden estandarizar, creando protocolos de métodos mágicos como solución en la búsqueda del perro perfecto.

POR Jaime “Santi” Vidal & Eli Hinojosa, responsables de masqueguau.com
La convivencia libre de problemas pasa por cubrir las necesidades más allá de las básicas en los perros, la comprensión de lo que es conducta normal en cada etapa de vida (un adolescente no se puede comportar como un perro maduro) y la creación de unas reglas de convivencia basadas en la confianza y no en el miedo.
Si analizamos las consultas que hemos recibido en los últimos años nos damos cuenta de que algunas de ellas en realidad no son problemas, son conductas que un perro ha aprendido y repite porque le dan algún tipo de beneficio o porque son inherentes a la conducta canina o a una etapa de vida y ¡no deberíamos enfadarnos con los perros por hacer de perro o por ser todavía inmaduros! En realidad son conductas molestas para la convivencia, pero no son un problema de comportamiento.


Las personas dedicamos mucho esfuerzo en pensar qué debemos castigar y qué debemos premiar para que un perro se porte “bien”. La respuesta es sencilla: castigar nunca, premiar lo justo (no podemos convertir la convivencia en “trabajo” para conseguir premios) y dedicar todos los esfuerzos a evitar que el perro haga lo que no nos gusta simplemente anticipándolo. Lo que no sucede, no se aprende y es sorprendente como los perros se auto-educan simplemente haciendo lo que pueden hacer, dejando de intentar lo que saben que no es posible hacer.
En el resto, la gran mayoría de las consultas sí encontramos problemas importantes. Los problemas de verdad tienen que ver con alteraciones emocionales. El miedo y el estrés están presente en la agresividad, las fobias y la ansiedad por separación.
Muchos profesionales hacen propuestas relacionadas con premiar o castigar para corregir y enseñar, pero la realidad está muy lejos de esas propuestas.
Cuando un perro presenta conductas relacionadas con el miedo y el estrés podemos afirmar que el perro no ha conseguido adaptarse a unas circunstancias o entorno. Y las conductas que emite no son pensando en las consecuencias que le traerán, más correcto sería afirmar que no puede evitar hacerlas.
Un perro con estrés no está pensando en por qué ladra en exceso, rompe cosas, está hiperactivo o muestra agresividad, simplemente no puede evitarlo. Por ello, un enfoque de tratamiento basado simplemente en la idea de que en función de lo que ocurra después de hacer algo, un perro dejará de hacerlo, se muestra como poco una visión incompleta. Quizás en lugar de centrarnos en la consecuencia, habría que hacerlo en el origen, que ocurrió para que se dispare el estrés, el miedo y cómo manejar el entorno para facilitar la adaptación del perro a ese entorno. Un perro perfectamente adaptado no necesita que su organismo esté activado constantemente y las conductas inadecuadas disminuyen o desaparecen. El perro “bueno” no es el perro adiestrado, es el perro tranquilo. Y la tranquilidad es bastante incompatible cuando se tiene miedo o estrés.


Los problemas graves necesitan de un enfoque muy holístico. Porque la raíz de ellos está en una alteración fisiológica (el estrés) y tratarla requiere que recordemos que los mecanismos de activación son instantáneos, pero desactivarlos puede necesitar de minutos, horas o incluso días. Que un perro esté sometido a una situación estresante ahora, puede ser la causa de que rompa cosas en casa mañana. Y castigarle por ello solo traerá más miedo y más estrés, con lo cual empezamos a situarle en una rueda de la que es difícil salir. Hemos deducido que el intento de educar a un perro, corrigiéndole o castigándole cuando hace algo “equivocado” se convierte muchas ocasiones en la semilla de problemas mayores en el futuro. Y el problema mejor solucionado es el que nunca llegó a aparecer.
Cuando debemos hacer una intervención para solucionar un problema, es importante valorar cuál es la circunstancia y el entorno que ha llevado al perro a esa conducta o estado emocional y crear una nueva rutina en la que esas circunstancias (estresores) ya no tengan un papel relevante. Por eso se necesita información detallada de las rutinas diarias, la relación del perro con sus propietarios y la interacción del perro con el entorno. La nueva rutina debe ser “perronalizada” y en cada caso requiere de cambios distintos.


El objetivo de la nueva rutina es reducir el número de estresores y en muchas ocasiones esto debe de hacerse de forma gradual. Necesitamos decidir qué cambiar ya y qué cambiaremos poco a poco.
Por dar algunas pistas al lector sobre los cambios que habitualmente necesitan muchos de los perros que visitamos, aquí va una pequeña lista:
-Los paseos. Mejorar su calidad y adaptar el número de paseos y el tiempo a lo que cada perro necesita. El manejo amable de correa, correas largas, arneses y posibilitar olfatear es importante.
-Retirar correcciones y castigos.
-Cambiar juegos de excitación por juegos de nariz.
-El exceso de atención y exigencia son grandes estresores.
-Movimientos rápidos o bruscos en el entorno del perro, así como el exceso de actividad.
-Manipulados, caricias e interacción correctas.
-Situaciones de excitación o miedo.


La lista es mucho más amplia, pero esperamos que este pequeño texto ayude al lector a reflexionar sobre el enfoque a la hora de valorar posibles problemas en la convivencia con su perro. Los problemas graves necesitan de la intervención de un profesional, pero es posible que simplemente con algunos cambios en la manera de actuar de las personas frente a los perros, muchos de los problemas que en el futuro hubieran aparecido, ya no sucederán. Frente a los problemas de conducta en nuestros perros, pensamos que necesitamos cambiarles, pero la realidad está en aprender qué es lo que necesitamos cambiar en nosotros.

 

MOTIVOS DE ABANDONO DE PERROS

15% camadas indeseadas
13% problemas de comportamiento
13% fin de la temporada de caza
12% factores económicos
8%  pérdida de interés por el animal

CÓMO LLEGAN A LA PROTECTORA

89% encontrados o recogidos en la calle
11% llevados por las peronas que los abandonan

Fuente: Fundacion Afinity

 

 

 

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