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Maestras de 4º de Primaria

perradocente

Gina y Taca son dos “profesoras” de cuatro patas, una labrador y una mastín que, tras ser rescatadas de un pasado poco afortunado, ahora comparten docencia con su adiestradora, Marta Cols. Las tres forman parte de la unidad canina especializada de Arcan Dog. Acuden de una en una, en días alternos, toda la jornada laboral al colegio Bernat de Riudemeia, en Argentona (Barcelona) para ayudar, motivar… a los alumnos de 4º de Primaria y otros que puntualmente lo necesitan. Se mueven con libertad por el centro y, en voz de los alumnos, es lo mejor que les ha pasado en sus vidas, pues son aceptadas, queridas y añoradas cuando no pueden asistir por enfermedad. 

Por Miguel PELE

Gina es una labradora color chocolate, de dos años, rescatada de una vivienda con tan sólo un mes, muy viva y despierta, que aprende fácil y con un estupendo trato con los niños. En palabras de Marta a LADRIDOS “parece que hubiera nacido para esto”.

Taca es una mezcla de mastín, rescatada de una protectora que la encontró bajo un coche con cinco meses, todo lo contrario que su compañera, muy tranquila, que sirve de apoyo a una alumna con movilidad reducida. Le colocan un arnés y la niña se agarra para poder subir y bajar escaleras.

“La idea de que estas dos perras trabajasen en el sistema educativo surgió cuando estuve de baja. Durante este tiempo, decidí formarme para hacer terapia con perros. Cuando tuve que incorporarme de nuevo a mi labor docente, desde la dirección del centro me propusieron que hiciese esta terapia en el colegio. Tras consultas previas del centro con el servicio de inspección educativa, que dio el visto bueno, comenzamos a preparar el proyecto y ver cómo se podían encajar en el devenir diario de la comunidad educativa. Se acordó que asistirían conmigo a diario, desde el inicio de la jornada hasta el mediodía”, matiza Marta.

Siguen unas rutinas marcadas tras llegar al centro a las 8:30. Cada una de ellas, nada más entrar va suelta por el centro y se acerca a saludar a la directora para recibir los buenos días y sus consiguientes chuches. Una va al colegio los martes y los jueves y otra, miércoles y viernes. Comparten con Marta un aula de cuarto de Primaria con 23 alumnos. Al empezar todos los alumnos saludan a las profesoras, pero siempre Taca y Gina se llevan la mayor parte de las caricias. Disponen de un espacio en clase para relajarse y los alumnos son conscientes de que tienen unas “profesoras” especiales, por lo que aprenden a moderar el ruido normal de una clase.

A lo largo de la jornada interactúan con los alumnos y se produce una simbiosis educativa de la que todos se benefician. En un principio, trabajaban como apoyo a un aula de enlace en la que había alumnos de otros países que desconocían el idioma. Así hacían de motivadoras para que esta adaptación fuese lo más acogedora posible.

Están tan integradas en el centro que los alumnos las reflejan en sus trabajos. Muchos de ellos, al tratar el tema la “carta” en Lengua, eligieron como destinatarias a Gina y Taca, sirviendo de motivación para expresar sus sentimientos. Un caso curioso fue el de la carta de un alumno que apenas habla con nadie y “en su misiva fue capaz de expresarse con un vocabulario tan exquisito y emotivo que la propia profesora desconocía que tuviese”.

La preparación para iniciarse como “maestras” parte del conocimiento de Marta como técnica de intervención asistida con animales y adiestradora de perros, comenzando los trabajos con la socialización hacia todo tipo de personas, objetos, ambientes, animales, ruidos, texturas… “También en la manipulación, que se dejen tocar por todos y toleren las constantes caricias y llamadas de atención de los alumnos”, relata Marta. Y más sabiendo que son dos animales grandes de tamaño y peso (Taca 40 kg y Gina 32).

Los alumnos las ven en el centro con total normalidad, “incluso los casos de fobia hacia estos animales se han ido superando gracias a la generosa paciencia de estas dos “maestras” de cuatro patas. No se fuerza la interacción entre alumno y mascota, sino que esa relación se tiene que dar cuando el perro hace de puente y consigue que el alumno o cualquier otra persona venza el miedo y se llegue al acercamiento, hasta el punto de ver cómo se abrazan o se hacen fotos con ellas en determinadas celebraciones”, matiza la adiestradora.

“Y esto es lo más gratificante para mí –declara Marta-, pues mis alumnos entran cada día deseando ver a las perras, niños que dicen ‘es lo mejor que me ha pasado en la vida’; ‘este año no lo olvidaré en la vida’; ahora ya no me dan miedo los perros gracias a ti’; ‘es que estoy muy contenta porque Taca me ayuda a subir y bajar escaleras’. Gina y Taca, no te juzgan, les da lo mismo que seas alto, bajo, moreno o rubio, que tengas una pata de palo o que no la tengas”. El resto del claustro las ha aceptado y suelen darles chuches cuando las ven por los pasillos. Suelen ir acompañadas por Marta, siempre con correa para evitar empujones ante tanto tráfico de personas.

¿Y qué pasará en el futuro? La intención es continuar, pues la directora quiere convertirlo en un proyecto de centro con perspectivas de solicitarlo al Ayuntamiento de Argentona, por lo que cree que no será fruto de verano y a las tres les esperan años de docencia por delante.

 

Descanso prioritario

Taca y Gina son “profesoras” en toda regla y tienen su lugar y tiempo de descanso, prioritario para recuperar la atención y la concentración necesarias en un ambiente rodeado de constantes estímulos que todos en el centro aprendieron a respetar. Su guía vigila todos los días que las dos perras vayan con ganas: “Me motiva ver que las perras van con ganas a trabajar, si veo que no quisieran entrar con ganas al colegio, yo no podría trabajar. La relación está tan normalizada que los alumnos suelen decir a todos que tienen mucha suerte de poder tenerlas en clase”.

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